El regalo del perdón

¿QUIÉN NECESITA PERDÓN?

Todos hemos pecado: ¿Hay algún ser humano, al margen de Cristo, que no haya pecado nunca? (Ro. 3:10-12; 1ª Jn. 1:8).
Nota: Toda persona que ha vivido y vive en este mundo nace con una tendencia inherente al mal que recibe en última instancia de Adán. La Escritura es clara a la hora de presentar la condición de la humanidad entera: no hay nadie que se salve, porque todos han pecado desde que Adán pecó. No hay nadie en este mundo que haya podido vivir a la altura de las circunstancias de principio a fin.

Impotencia total: ¿Cuál es nuestra realidad? (Jr. 2:22; 13:23; Is. 64:6)
Nota: Dios declara cual es nuestra condición desesperada. Él no quiere que nadie se llame a engaño. En esta sociedad moderna todavía hay gente con ganas de hacer el bien y de ayudar, pero aún esas buenas intenciones sino están motivadas y controladas por Dios no son más que trapos de inmundicia, quizás “buenos trapos”, pero “trapos” finalmente.

¿QUIÉN NECESITA ARREPENTIRSE?

El mensaje de Dios: ¿Cuál fue el mensaje de Juan el Bautista y del mismo Jesús? (Mt. 3:1-2; 4:17).
Nota: El mensaje de Dios siempre ha sido el mismo: un llamado al arrepentimiento. Los profetas de Dios se caracterizaban por su llamado al arrepentimiento (Is. 58:1; Jr. 26:13). Ese mensaje va dirigido a todo ser humano que haya habitado o habite en esta tierra.

Definición de arrepentimiento: ¿Qué significa arrepentimiento? (Lc. 15:11-24).
Nota: “El arrepentimiento comprende tristeza por el pecado y abandono del mismo. No renunciamos al pecado a menos que veamos su maldad. Mientras no lo repudiemos de corazón, no habrá cambio real en nuestra vida” (El Camino a Cristo, 23). El relato del hijo pródigo revela el proceso del arrepentimiento. Éste se gesta cuando el pecador a la luz de la Palabra de Dios se da cuenta de que no ha actuado ni pensado de la mejor manera. El texto dice que el hijo “volvió en sí”. Nadie puede “volver en sí”, es decir, arrepentirse, si previamente no ha permitido que Dios lo convenza de su necedad. Así, arrepentirse no es más que reconocer que uno no lo ha hecho bien, y al mismo tiempo implica un deseo de realizar lo correcto. Después que el hijo reconoce su error no se queda allí parado. El hijo quiere beneficiarse del bien que experimenta aquel que confiesa el mal que ha causado a quien perjudicó.

¿Puede el hombre arrepentirse por sí mismo? (Ro. 2:4; Jn. 16:7-8).
Nota: El hombre es incapaz de arrepentirse por sí mismo. Es Dios quien nos convence de pecado y de maldad y nos hace sentir nuestra necesidad de ir a Jesús. Y es, precisamente, cuando vamos a Jesús que podemos sentir  verdadero arrepentimiento. La verdad fundamental es que  no necesitamos arrepentirno para ir a Jesús, sino más bien nos arrepentimos porque hemos ido a Jesús. En otras palabras: “La Sagrada Escritura no enseña que el pecador deba arrepentirse antes de poder aceptar la invitación de Cristo: ‘Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso’… Tan imposible es arrepentirse si Cristo no despierta la conciencia como lo es obtener el perdón sin Cristo” (El Camino a Cristo, pág. 26). “Si percibís vuestra condición pecaminosa, no aguardéis hasta haceros mejores a vosotros mismos. ¡Cuántos hay que piensan que no son bastante buenos para ir a Cristo! ¿Esperáis haceros mejores por vuestros propios esfuerzos? ‘¿Podrá cambiar el etíope su piel y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer el bien, estando habituados a hacer lo malo?’ (Jr. 13:23). Únicamente en Dios hay ayuda para nosotros. No debemos permanecer en espera de persuasiones más fuertes, de mejores oportunidades, o de tener un carácter más santo. Nada podemos hacer por nosotros mismos. Debemos ir a Cristo tales como somos”. (El Camino a Cristo, p. 31).

El resultado de la confesión: ¿Qué sucede cuando reconocemos nuestras maldades ante Dios? (1ª Jn. 1:9; Pro. 28:13; Sal. 32:5).
Nota: Nuestra confesión debe ir dirigida única y exclusivamente a Dios por dos motivos: 1) Sólo Dios está capacitado para perdonar pecados (Mr. 2:1-12); 2) Todo pecado cometido, sea de la naturaleza que sea, es, en primer lugar, un acto hecho contra Dios mismo (Sal. 51:4). Obviamente, nuestra confesión también debe manifestarse a la persona o personas que han sufrido directamente las consecuencias de nuestra mala acción.
El perdón incondicional de Dios es otorgado bajo condiciones: arrepentimiento y confesión. No hay porque seguir albergando dudas sobre si hemos sido perdonados o no cuando nuestro arrepentimiento es sincero y nuestra confesión es inteligente y madura, en el sentido de que reconocemos nuestra maldad y deseamos no volver a realizarla.

¿QUIÉN RECIBE EL PERDÓN, CÓMO SE RECIBE Y QUÉ PRODUCE EN AQUEL QUE LO RECIBE?

El que ha pecado mucho o poco: ¿Perdona Dios todo pecado? (Is. 55:7; Mt. 12:31).
Nota: Dios perdona todo pecado por grave y desagradable que sea. Eso no quita que el individuo tenga que sufrir las consecuencias de su mala acción. El pecado imperdonable consiste en rechazar el perdón que Dios está dispuesto a conceder. Consiste en decir “no” al perdón. En realidad, no hay pecado por grave que sea que Dios no quiera ni pueda perdonar, a menos que la persona no quiera ser perdonada.

Cómo ser perdonado: ¿Qué debe hacer el hombre para ser perdonado? (Ro. 5:1; Ef. 2:8-10).
Nota: No podemos hacer nada a fin de obtener el perdón. El perdón es gratuito y precisamente es gratuito porque nosotros no podemos comprarlo, es decir, no son nuestras buenas obras las que nos ganan el perdón de Dios porque éstas no pueden comprarlo. El perdón se recibe por la fe. De modo que la fe es el medio otorgado por el Cielo para recibir el perdón. Soy perdonado si así lo creo. “No aguardes hasta sentir que estás sano, mas di: ‘Lo creo; así es, no porque lo sienta, sino porque Dios lo ha prometido.’” (El Camino a Cristo, pág. 51).

Dios anhela perdonarnos: ¿Qué es lo que Dios más desea hacer? (Is. 1:18; Sal. 103:12; Lc. 15:7).
Nota: Dios anhela perdonarte, limpiarte y restaurarte. Si alguna vez sientes dudas sobre el perdón de Dios, sólo debes mirar al monte Calvario y contemplar a Jesús muriendo por ti colgando en una cruz. Cada gota de sangre que fue derramada te dice: ¡Te perdono, porque te quiero!

Un llamado:
Pidiendo perdón: ¿Qué promesa se cumple en aquel que confiesa su pecado y se aparta de él? (Pro. 28:13)
Nota: En el Padre Nuestro, Jesús nos enseñó a pedir perdón a Dios: “perdónanos nuestras deudas”.